viernes, 11 de enero de 2013

Con el dedo en la yaga


No sabes como duele llorar 
en días alegres,
sufrir cuando veo a todo el mundo reír,
Así me siento con el dedo en la yaga.
El daño me lo has hecho tú
¿Cómo pensar eso?
Si eres tan dulce, tan linda:
un pedazo de dios hecho ángel.
El daño me lo hago yo
por pensarte tanto,
por ser un loco soñador;
por amarte como un tonto.
Así es el amor y su filosofía no es materialista,
su fin es amar, amar
dando todo sin reclamar.

No puedo secarme las lágrimas,
el pañuelo me huele a cebolla,
mi consuelo se fue con mi niñez
y solo me quedan yagas;
no en la piel sino en el alma.
Aquella que duele más que una caries
y dura más que la agonía del anciano.

Pensé ser tan fuerte
como un soldado frente a la muerte
pero un sola lágrima
es más que cien balas.
Me siento morir a tu espalda,
tu desdén me abre más esta yaga.
Solo tu amor me pondría la piel como roble.
El tiempo no cicatrizará mis heridas,
no hay medicina que sea mi mejor analgésico
como el amor que por ti siento.
Te amo en secreto y en público.
Te amo de ayer y de siempre.
Te amo con fuerza de mil heridas.
No sé hasta cuando llegaré,
Lo que estoy seguro es que tú misma
saturarás mis heridas.
¿Cómo así? Porque toda tú eres mi medicina,
el viejo remedio de mi abuela,
mi elíxir de la vida.

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